JEFA DE PROTOCOLO DEL MINISTERIO DE INDUSTRIA, TURISMO Y COMERCIO:

María de la Serna: “Deberíamos tener un cuerpo de funcionarios de protocolo del Estado con oposición y méritos”

“La ministra Reyes Maroto es una excelente persona, lo cual es fundamental porque el trato es constante y hace mucho que la química funcione. Es muy obediente: nos hemos enseñado la una a la otra cómo comunicarnos de cada momento y cumple con lo que le sugiero”.

JUAN LUIS FUENTE

Es hija y nieta de grandes periodistas (sus padres son Jesús de la Serna y Pura Ramos y su abuelo, Víctor de la Serna Espina) y bisnieta de una ilustre novelista: Concha Espina. Y también madre de un periodista, Guillermo Reparaz de la Serna, (por no citar a más familiares: primos, cuñadas, sobrinos e incluso hijos de primos dedicados a la profesión…). Gran saga, sin duda. Un entorno en el que la cultura y el conocimiento, la información y la preparación para poder volar solos eran el mantra familiar. “Antes un libro que un vaquero nuevo”, dice la protagonista de esta historia, una mujer que recuerda su infancia como algo maravilloso y que creció y estudió en Madrid con mucho curso en el extranjero. “En mi casa formarse y estudiar era primordial”. Es María de la Serna Ramos (Madrid, 1957), la mayor de ocho hermanos que no siguió la senda de sus padres y que derivó también con mucho éxito hacia nuestra profesión, en la que ejerce actualmente como jefa de Protocolo del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, en donde está encantada con su jefa, la ministra Reyes Maroto. Sus recuerdos de infancia y juventud son básicamente las charlas en el porche de la casa de la Cantabria natal de sus padres, los viajes culturales con ellos; su abuela y su bondad, la complicidad con sus hermanas… “Son tantos y todos tan importantes para mi salud mental que llenaría muchas páginas y no habría acabado. Estamos hechos de recuerdos: somos su gestión”, afirma. Casada, con dos hijos y dos nietos, le encanta leer y todo aquello que requiera manos: desde cocinar hasta hacer calceta. Sencilla y discreta por definición (“no me gusta dar guerra a nadie”), tan solo aspira a mantener lo que tiene en su vida personal, si bien, por su trabajo, echa mucho en falta disponer de más tiempo para los suyos, su gran asignatura pendiente ahora mismo. Fiel defensora de la formación en nuestra disciplina, María de la Serna defiende la carrera profesional para crecer en ella según las ganas y aptitudes de cada uno. “Deberíamos tener un cuerpo de funcionarios de protocolo del Estado con oposición y méritos”, asevera.

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Antes de entrar en materia, ¿qué se siente al tener estos padres, abuelos y bisabuelos?
Vértigo. Y responsabilidad: no vas a ser ellos, vas a ser tú y tienes que hacerte a ti misma teniendo claro que tu camino lo tienes que recorrer con esa mochila a la espalda. Siempre.

Bueno, el caso es que usted tomó la senda del protocolo. Es una de esas profesionales que trabaja en el sector desde mucho antes de que existiesen estudios al respecto. ¿Cómo fueron sus inicios como organizadora de eventos?
Defecto de fábrica: siendo la mayor de ocho hermanos, organizarse en las rutinas de una familia numerosa es fundamental. Desde niña, entre que soy bastante ordenada y que creo firmemente en que controlar el tiempo es básico para que lo que sea ruede, todo lo relativo a las diferentes organizaciones caseras llegaba a mis manos. Y debe de ser que se me nota, porque de allí a hacer lo mismo en el trabajo sólo ha habido un paso. Aunque me contrataran para otras labores, al final, allá donde trabajaba, acababa siendo quien organizaba lo que tocara en cada momento.

Ha trabajado en departamentos de relaciones públicas e institucionales, marketing, gabinetes de prensa y, por supuesto, en protocolo y organización de eventos en empresas de todo tipo. ¿Cuándo se dio cuenta de que era importante formarse académicamente en las temáticas propias de nuestro sector?
Por casualidad. Fue mi hija María. Participaba en la feria AULA y el stand en el que trabajaba estaba al lado del de la EIP. “Esto es lo tuyo, madre”, me dijo. Llamé y efectivamente: allí estaban todas esas técnicas que yo aplicaba y utilizaba un poco por lógica y otro poco por instinto fijándome en lo que se hacía a mi alrededor. Mejoradas, actualizadas, argumentadas. Probé, vi el campo, las posibilidades, las ventajas de una buena base teórica en muchos terrenos en los que me movía y me enganché.

Con su trabajo fin de carrera obtiene en 2008 uno de los galardones del Premio Internacional de Protocolo. ¿Un cerebrito o la experiencia que ya tenía?
La experiencia cuenta. Las ganas, también. Lo del cerebro yo no lo firmo.

El caso es que, al año siguiente, en marzo de 2009, empieza a ejercer como jefa de Protocolo del Ministerio de Justicia. ¿Cómo llegó a tan importante puesto?
Si vuelvo a decir que por casualidad me va a decir que ya me vale, pero también en esta ocasión fue así. Una conocida que trabajaba en el Senado y a la que había contestado algunas dudas protocolarias que le surgían en su trabajo diario, accedió a un cargo dentro de ese Ministerio y según llegó, me llamó para otra consulta del mismo estilo. Solucionamos la duda y lo siguiente fue: “¿Por qué no te vienes?”. ¡A ver quién es el bonito que dice que no a ese tren!

Es donde aprende a saber realmente lo que es la profesión…
Sí, desde luego, fue la ocasión de oro para aprender de verdad qué es esto del protocolo. Lo podemos llamar institucional u oficial, pero en realidad es simplemente protocolo. Las instituciones son su terreno natural, tal y como lo entendemos hoy. Y no voy a repetirle eso de “leyes, normas, reglamentos, costumbres inveteradas que se aplican en los actos oficiales…”. En otros ámbitos la parte de organizador de actos que conlleva nuestra profesión es la base del trabajo, pero en las instituciones hay que sumarle necesariamente la formación en protocolo.

“Ciertamente, ser jefa de protocolo de un ministerio es una responsabilidad muy grande y, por tanto, los estudios aquí son imprescindibles. No le voy a negar que aprecié cierto vértigo ante el reto, pero me sentía segura de la formación adquirida”

¿Ser jefe de protocolo de un ministerio es realmente uno de los cargos con más responsabilidad de cuantos puedan existir en nuestro sector?
Ciertamente sí es una responsabilidad muy grande y, por tanto, la formación es imprescindible. No le voy a negar que aprecié cierto vértigo ante el reto, pero me sentía segura de la formación adquirida y sumando la experiencia laboral que llevaba, aunque no resultara facilísimo, tampoco fue un drama. Todo lo que estaba depositado en el departamento, tanto material (banderas, regalos, carteles…) como físico (organizar inauguraciones, reuniones, viajes, recepciones, cenas…) había sido parte de mis apuntes y libros de clase en algún momento durante los tres años de estudio: ¡me era tremendamente familiar! Y para mí, la demostración patente de que, en este tipo de puestos la formación es imprescindible.

Después de dos años en este ministerio, llega un cambio radical en su actividad laboral: se va de jefa de Difusión y Logística a la Fundación Mapfre Vida, en donde estuvo hasta 2014. ¿Y esto?
Es bastante habitual que el cargo vaya atado al ministro: son asesores y como tales, ocupan puesto de gabinete, que cae cuando cae el ministro de turno. No en todos los ministerios son funcionarios de carrera quienes ostentan este cargo. Yo no lo soy. Por tanto, al cambiar el gobierno en diciembre de 2011, cesé en mis funciones. Había conocido a algunos directivos de Fundación Mapfre estando en el ministerio que al saber que me iba me llamaron y me ofrecieron hacer un trabajo similar para la fundación. Difusión de su labor y organización de sus actos.

Dos años más tarde quiso emprender y montó su propia empresa de organización, GMS Protocolo & Eventos. ¿Fue su primera experiencia como empresaria?
No. Ya antes de entrar en el Ministerio de Justicia montamos una empresa similar entre varios compañeros de estudios de la EIP: El Taller de Protocolo. Pero al ser incompatible con mi labor en el ministerio, tuve que vender mi parte. Por tanto, al salir de la Fundación, retomé la idea, también con compañeras (en esta ocasión, profesoras de la escuela) y me lancé de nuevo al mercado laboral por cuenta propia. Dos formas diferentes de ejercer la profesión.

¿Mucho vértigo esto de ser autónoma, como la inmensa mayoría de los organizadores de eventos? ¿Prefiere estar al otro lado en esto del mercado laboral?
En ambos se aprende constantemente y no sabría decir si es más duro uno u otro. O, por ser positivos, más sencillo el uno que el otro. Hay que pelear mucho en ambos, hay que trabajar mucho en las dos, hay que estar al día constantemente, no hay descanso y la compensación es lo que te mantiene en pie. Y en ese aspecto, tanto en la empresa como en un ministerio… ¡compensan! Y mucho.

“¿Los políticos sensibles al protocolo? Lo son a la imagen. Y más en una sociedad que entiende mejor lo que ve que lo que lee. Muchos te dicen que “pasan del protocolo”, pero cuando van entrando, la cosa es diferente y te empiezan a mirar con otros ojos”

Por cierto, ¿cree que los políticos son sensibles con el protocolo?
Son sensibles a la imagen. Y más en una sociedad que entiende mejor lo que ve que lo que lee. Hay muchos que te dicen en cuanto te ven que ellos “pasan del protocolo…”. ¡Se creen que les vas a explicar cómo vestirse o cómo utilizar la pala de pescado! Que es en realidad lo que la mayoría de la gente piensa que es el protocolo, pero cuando van entrando… ¡ya la cosa es diferente y te empiezan a mirar con otros ojos!

Vayámonos a su despacho actual en el Paseo de la Castellana como jefa de Protocolo del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo. Vuelve a un alto cargo en la administración pública. ¿El protocolo oficial es lo que más le gusta dentro de la profesión?
Así es. No querría ser reiterativa, pero es la que exige una formación específica. Y ese es el reto que a mí me apasiona. Hay que estar al día siempre, y eso es importante porque no te puedes descuidar. Aplicamos leyes, reales decretos, reglamentos y normativas en todos los actos. Hay que saber manejarse tanto en este territorio como en el de las técnicas a aplicar, los avances de la tecnología, las necesidades de los medios de comunicación, las de los equipos de seguridad… ¡Hay que llevarlo muy prendido en la cabeza porque no vale sacar el manual en el minuto menos uno!

Qué me va a decir, pero le pregunto: ¿cómo es su jefa, la ministra Reyes Maroto? ¿Es una mujer obediente que le facilita su trabajo en los muchos actos que tiene que organizarle?
Es una excelente persona. Así para empezar. Y eso es fundamental porque el trato es constante y hace mucho que la química funcione. Es muy obediente: nos hemos enseñado la una a la otra cómo comunicarnos las necesidades de cada momento y cumple con lo que le sugiero. Y muchas veces, y a mí eso me emociona, dice: “Que venga María que lo soluciona” o “que María nos coloque para la foto, que ella sabe”. Cuando me busca con la mirada y me ve, descanso.

¿Por qué hay que llegar tan arriba para que los políticos reconozcan nuestra labor?
En este punto, volvería a una pregunta anterior. Los políticos le dan la que le dan cuando empiezan a entender qué es realmente protocolo, que son las relaciones institucionales y para qué existen estos departamentos en las instituciones. Y es normal que no se reconozca la labor protocolaria: si no llegan a cargos institucionales no lo aprecian. En otros ámbitos pueden reconocerte como buen organizador de actos, pero como técnico o especialista en protocolo es mucho más difícil que lo hagan. Además, ¡nuestra labor no debe apreciarse! Si sale bien, trabajo bien hecho. Y ya está. A mí me gusta decir a mis alumnos que se acostumbren a ser los “jefes de la columna”, ¡de detrás de la columna!

Comunicación y protocolo. ¿Cómo es la relación entre estos dos departamentos en su ministerio? Por cierto, ¿de qué departamento depende Protocolo?
Depende directamente del director de Gabinete. Así lo fue también en el Ministerio de Justicia, pues, como ya he dicho antes, ocupo y ocupé, puesto de asesor. Protocolo y comunicación son inseparables en estos territorios ministeriales. Cada vez que planteamos un acto, diseñamos su desarrollo y comprobamos su viabilidad contamos con los de prensa. Juntos hacemos las avanzadas, juntos vemos la foto. Es verdad, sin embargo, que también hay detalles estrictamente protocolarios que a veces no “gustan”. Pero ahí es donde la ley, la norma, que tiene que aplicarse, necesita ser conocida para poder buscarle el encaje en las necesidades de comunicación. Insisto en lo de la imagen.

“Protocolo y comunicación son inseparables en estos territorios ministeriales. Cada vez que planteamos un acto, diseñamos su desarrollo y comprobamos su viabilidad contamos con los de prensa. Juntos hacemos las avanzadas, juntos vemos la foto”

Es bueno e importante conocer el trabajo de cada uno de los departamentos, ¿verdad?
Sin duda, pues son muchos actos y muchas horas las que compartimos a lo largo de las jornadas. Yo me llevo muy bien con todos los compañeros de prensa (el comando Derribo: prensa, protocolo y seguridad), procuro mantenerles informados de todo cuanto estamos organizando, y les cuido. ¡Pues no faltaría más! ¡Encima soy hija y madre de periodistas!

¿Qué es lo más complicado de ejercer en nuestra profesión en un cargo como el suyo? ¿El protocolo oficial es demasiado estricto para los tiempos que corren?
Es complicado por la responsabilidad que exige: a veces querrías no tener que tomar algunas decisiones, ni tener que organizar algunos actos. El protocolo no es estricto. Estricta será la ley o la norma a aplicar y que no puedes dejar de cumplir. Pero pocos identifican norma con protocolo y, por ello, creo que el desconocimiento general a este respecto es el que lleva a decir que somos estrictos. No es así: somos cada vez más flexibles pues nos vamos adaptando a la sociedad, a los medios, a los tiempos. Lo que no podemos es incumplir nuestras propias leyes. Y cuando digo flexibilizar, por poner un ejemplo fuera del protocolo estrictamente oficial, lo más sencillo es recurrir a la etiqueta. Eso que la gente llama “saltarse el protocolo”, lo habitual es que esté relacionado con la indumentaria o el comportamiento social: que si la reina no se quita las gafas en el interior o se corta la melena; que si la ministra de Trabajo no se pone vestido negro para ir a ver al Papa; que si los diputados van al Congreso en vaqueros… ¡Eso no es protocolo! Y si lo fuera… ¡no me digas lo que habríamos tolerado nosotros, los estrictos e intransigentes “protocoleros”!

¿Un partido de izquierdas entiende el protocolo de una manera distinta que otro de derechas?
Yo no noto diferencia en sus necesidades protocolarias. Puede que lo que haya sea una idea distinta del protocolo en sí como disciplina. Pero se les pasa a todos cuando entran en la espiral ministerial o institucional. Si acaso, cuando has trabajado para un ministro de uno u otro partido, lo que queda es la percepción que tienen de ti unos y otros. Si trabajas para un partido de derechas es porque eres de derechas, y si lo haces para uno de izquierdas, es que eres de izquierdas. Sin embargo, el protocolo no tiene ideología política. Y el protocolero, aunque la tenga, se la come: a trabajar se viene sin ella puesta.

“Si trabajas para un partido de derechas es porque eres de derechas, y si lo haces para uno de izquierdas, es que eres de izquierdas. Sin embargo, el protocolo no tiene ideología política. Y el protocolero, aunque la tenga, se la come: a trabajar se viene sin ella puesta”

Es la segunda vez que utiliza el término “protocolero”, que no está en el diccionario. ¿Es la palabra con la que deberíamos identificar a quienes se dedican al protocolo?
¡Es una expresión que me gusta utilizar y que he copiado a Javier Carnicer, jefe de protocolo del Gobierno de Aragón! Me parece una buena mezcla entre concepto y percepción: al protocolista –que sin venir en diccionario alguno es el término más aceptado– la gente le percibe como el de las fiestas y los cócteles, el farandulero, el de la juerga, las pamelas, los trajes largos, las diademas… y la palabra protocolero es a lo que suena: un poco a “lolailo”.

Otra cuestión sobre otras dos palabras que tampoco están en el diccionario: ¿protocolista o eventista?
Ufff, es la pregunta del millón: no sólo me la hacen mucho, sino que es un tema que sale a relucir en cientos de foros profesionales. Podrá ver que a lo largo de la entrevista –es decir, de mis respuestas a sus preguntas– queda bastante claro que yo distingo entre protocolo y organización de actos. En teoría, partimos de que protocolo es lo que aplicamos en los actos oficiales, de donde deducimos que como los organizamos los protocoleros, la organización de actos es cosa nuestra. Y, sin embargo, eso hace mil años que no es cierto. Y especialmente no lo es desde que se puso de moda llamarlos eventos. Estos, que en sí no son nada salvo acontecimiento, pueden ser de todo tipo y, por tanto, se deja de hacer distinción.

En cambio, si no utilizas esta palabra y especificas el tipo de acto –inauguración, concierto, partido de tenis, firma de convenios– podrás separar aquellos que organizan las instituciones –en los que se aplica el protocolo– de los que no. Organizar un concierto de rock no requiere de un técnico de protocolo, salvo que haya autoridades en la inauguración, en cuyo caso, aparecería el correspondiente protocolero a quitar a la estrella de la productora del primer puesto de la primera fila para sentar al secretario de Estado de Música y Baile. El concierto lo tendrán que organizar y producir gentes especializadas en ese muy determinado tipo de acto; la reunión con la productora, el cantante, su representante y el ministro, el secretario de Estado o el secretario general del ramo, si es que hubiera que organizar una previa al concierto, se haría en el ministerio con el de protocolo al mando. No son intercambiables.

¿Qué es lo que le resulta más complejo organizar en su actividad ministerial?
Los viajes al extranjero. Son largos, tienen muchos hitos, hay reuniones, cenas, bilaterales, recorridos, paseos… ¡un sinfín de detalles a tener en cuenta! Y no siempre tenemos el tiempo que desearíamos para organizarlos. Después, tal vez, las cumbres o reuniones internacionales –acabamos de sobrevivir a la 24ª Asamblea General de la Organización Mundial del Turismo– y las ferias tipo FITUR, que son una tortura en tres días.

“El Real Decreto ayuda lo justo. Pero hay que darle un revolcón, especialmente en la parte correspondiente a las comunidades autónomas y en lo local, pues genera muchos quebraderos de cabeza y requiere mucha negociación”

¿El Real Decreto de Precedencias del Estado es su tabla de salvación o su gran quebradero de cabeza?
El Real Decreto ayuda lo justo. Pero hay que darle un revolcón, especialmente en la parte correspondiente a las comunidades autónomas y en lo local. Han crecido mucho estas administraciones y lo que contempla es insuficiente para manejarse. Genera muchos quebraderos de cabeza y requiere mucha negociación. Para ello veo necesario investigación y análisis, estudio y paciencia. No es tarea fácil. Debería de abarcarse con un amplio equipo multidisciplinar y con tiempo.

¿Asociaciones o colegio profesional?
Sinceramente, no sabría decir. No tengo suficiente conocimiento como para asegurar que unas u otro sean lo adecuado. Pero sí que deberíamos tener un cuerpo de funcionarios de protocolo del Estado. Con oposición y méritos. Asegurando la mejor formación para ocupar cargos de cualquier tipo dentro de un departamento de protocolo. Carrera profesional para crecer en ella según las ganas y aptitudes de cada uno.

Es una afirmación de gran interés para la profesión…
Dado que partimos (al menos yo lo hago) de que la formación en protocolo es indispensable para trabajar en la administración (del Estado, autonómica, regional, municipal) porque requiere conocimientos específicos de la materia, y dado que los puestos en estas instituciones los ocupan funcionarios –la mayoría sin formación específica en la materia aunque muchos con experiencia en el trabajo– y, en algunos casos, asesores adscritos al gabinete –a los que se supone expertos en la materia– lo justo para que los puestos los ocupasen profesionales formados y no “personal a dedo” que es lo que genera siempre controversia, sería crear una cuerpo de funcionarios de protocolo.

¿Acceso por oposición como en otros cuerpos existentes en la administración?
Exacto, en la fórmula que incluyera la experiencia u otros méritos, y una vez aprobada se podría avanzar en la carrera profesional –escalas y niveles– como en cualquier otra. No es cosa inmediata, pero si se pudiera poner en marcha, tendríamos profesionales en los departamentos de protocolo con la garantía de que están adecuadamente preparados para ocupar cualquier puesto dentro de los varios existentes en este ámbito. Y si uno, pongamos por caso, es responsable o director de protocolo en una diputación provincial y sabe que hay plaza en el ayuntamiento de Madrid y querría optar a ella… ¡a presentarse y que gane el mejor!

Por cierto, muchas horas de trabajo, mucho viaje, mucho estrés, demasiadas responsabilidades… ¿Le queda vida al otro lado de esta vida? ¿Merece la pena?
Mucho de todo, sí. El estrés hay que aprender a “tragárselo” y mantener la calma y la cabeza fría es siempre la mejor opción. Me quedan pocas horas al día, pero intento apañarme. Estos cargos no son eternos y tengo claro que no me van a durar siempre. ¿Merece la pena un trabajo, sea el que sea? Siempre, si es el que te gusta. Y a mí, el mío, me apasiona.

Tiene otras facetas que dicen mucho y bueno de usted. Por ejemplo, su vocación por la docencia. De alumna pasó a ser profesora, actividad que intenta combinar hasta donde puede con su quehacer diario.
Me gusta enseñar. Me gusta comunicar. Creo en la formación. Creo en el protocolo. Por tanto, hago todo lo que está en mi mano. Ya no puedo dar cursos completos de una asignatura por falta de tiempo, pero sigo dando alguna clase tanto en el INAP como en la UNED. Me estrené con la hostelería, pero he dado otras asignaturas.

“Me gusta enseñar. Me gusta comunicar. Creo en la formación. Creo en el protocolo. Por tanto, en este sentido, hago todo lo que está en mi mano. Ya no puedo dar cursos completos de una asignatura por falta de tiempo, pero sigo dando alguna clase”

¿Su materia fuerte al respecto?
Sin duda, instituciones del Estado y protocolo en el poder judicial.

Más cosas buenas: también escribe. Su blog Protocolo a la vista es un clásico. ¿Cuándo y por qué puso en marcha este portal?
Protocolo a la Vista echó a andar en 2012. Primero en Twitter. Luego, aproximadamente en julio de ese año, ya como blog visto que tenía bastantes seguidores y que había movimiento. Ya había dejado el Ministerio de Justicia y echaba en falta precisamente el protocolo. Sin querer ser pesada y sin menospreciar, pero no es lo mismo organizador de actos en una empresa que técnico en protocolo en una institución. Fue la manera que se me ocurrió de volver a tener que leer, estudiar, escribir o investigar sobre una materia muy específica. Se me ocurrían tantas cosas que contar sobre el protocolo y sus ámbitos de aplicación, sus técnicas, la organización de actos, las costumbres y tradiciones, la historia, la estructura política y territorial de nuestro país… y tantos otros temas que hay que conocer en este mundillo laboral que me salía un post al día. Lo acabé rebajando a uno a la semana –más el saludo del lunes y la despedida del viernes que es lo que publico actualmente– tras pasar por cinco semanales, porque requiere tiempo para leer y escribir y no siempre lo tengo como para llenar tantas entradas semanales.

Con él llegó a ser finalista en 2016 a Mejor Blog o Portal Político del Año por su impacto educativo de los premios victoryawards.us y hace unos días acaba de recoger una distinción que le concedió la Sociedad de Estudios Institucionales.
Así es, fui finalista en Washington y este año la Sociedad de Estudios Institucionales ha concedido al blog el Premio SEEII (Sociedad Española de Estudios Institucionales) Excelencia Universitaria Nuevos Medios, que recogeré uno de estos días.

También socia fundadora del blog Protocol Bloggers Point
PBP, que es como le seguimos llamando, nació casi a la vez que Protocolo a la Vista a partir de una charla con compañeras de trabajo, ¡cómo no! Sigue siendo un repositorio de lo publicado en nuestro ámbito de trabajo –protocolo y organización de eventos– en el que seguimos trabajando a diario desde hace casi ocho años. Ahora mismo, especialmente, María Gómez Requejo, que lleva el peso de la labor de curación de contenidos.

Y es coautora de los libros Los básicos del protocolo: una guía contra el pánico del principiante y Guía de organización congresos, eventos feriales y exposiciones. Es inasequible al desaliento.
Son los dos libros que he publicado con compañeras de profesión que han partido de la misma necesidad que me mueve con la enseñanza y divulgación del protocolo. Llegué a esta profesión tras ejercerla sin saber ni que existía y habría agradecido mucho poder contar con una guía –por eso se subtitula “contra el pánico del principiante”– que me ayudara en lo básico. Lo pasamos muy bien pensando en nuestros alumnos, en nosotras mismas y en nuestras chapuceras organizaciones y en lo bien que nos habría venido “una chuleta”.

¿Cuál es su protocolo propio en esta vida? ¿Cómo sobrevive en la jungla? ¿Echa en falta más compañerismo en la profesión?
Mi norma en esta vida –y es la que aplico también en mi vida laboral– es refranera: “El movimiento se demuestra andando” y “las palabras se las lleva el viento”. Me parece importante llevarse bien con quienes trabajas, lo mismo que con quienes convives, aunque a veces sea con más o menos diplomacia. Y siempre con buena educación. ¡Es imprescindible! Compañerismo hay, apoyo en otros compañeros hay. Ayudarse los unos a los otros es importante.

Es miembro de la Sociedad Española de Vexilología.
Si. Las banderas son símbolos. Símbolos de los pueblos, de todas sus gentes. Y, por tanto, merecen respeto. Ni utilizarlas, ni patrimonializarlas, ni usarlas mal. Y eso es algo que nos cuesta entender en nuestro país.

La última: ¿cómo ve el futuro de la profesión?
El futuro depende de nosotros: de los que estamos dentro y creemos en nuestra profesión. Nosotros somos los que tenemos que ponerla en valor y pelear para que quienes hoy se están formando puedan ejercerla con dignidad.

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