PRESIDENTE DEL OBSERVATORIO DE PROTOCOLO Y EX JEFE DE PROTOCOLO DE LA DIPUTACIÓN DE A CORUÑA:

Rafael Vidal: “El protocolo me enseñó a cumplir sin pisar a nadie”

“Es un orgullo que me nombrasen presidente del Observatorio, pero sé que hay que dejar paso a los jóvenes”

JUAN LUIS FUENTE

Le nacieron accidentalmente en el norte de Marruecos, en Segangan, cerca de la ciudad de Melilla, pero es un gallego de armas tomar, una persona para la que su terriña es, sobre todo, un sentimiento de pertenencia a una tierra, a una lengua, a una cultura y a unos paisanos, “sin olvidarme del resto de España, por supuesto”, le gusta añadir. Es Rafael Vidal Gómez de Travecedo, ese hombre bueno al que todos quieren que dedicó más de 44 años de su vida al ejercicio activo del protocolo en la Diputación de A Coruña. Los mismos que lleva felizmente casado (cuatro hijos y esperando el sexto nieto). Aunque ya jubilado de forma dichosa desde 2018, sigue con más ganas que nunca dedicándose a muchas tareas, entre ellas, al movimiento asociativo de los profesionales del protocolo, una disciplina que lo es todo en su vida. De ella aprendió lo que no está escrito, “pero me enseño sobre todo a cumplir sin pisar a nadie”, apunta con especial precisión. Se le nota en la conversación que este hombre es profundamente vitalista y extrovertido. Lo que le da las suficientes fuerzas para seguir como presidente de la Asociación de Técnicos de Protocolo de Galicia, la que él mismo fundó en 1989, la asociación de protocolo decana en España. Y ahora también es presidente del Observatorio Profesional de Protocolo y Organización de Eventos (OPPE). “Me enorgullece mucho este nombramiento que me hicieron mis compañeros de profesión, pero soy muy consciente de que hay que dejar paso a los jóvenes”. Damos fe de la sinceridad de una persona cuya pasión en la vida no es otra que fomentar las creencias. “En ellas se ‘está’, mientras que las ideas se ‘tienen’ sin más”, afirma. 

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Hace ya varios años que se jubiló como Jefe de Protocolo de la Diputación de A Coruña, pero da la impresión de que sigue usted tan activo como siempre. ¿Le lían o se deja usted liar?
Pues mire, tanto una cosa como la otra. En unos asuntos me lío yo solo porque me gusta el tema o porque creo que debo hacerlo. Otras veces no puede uno olvidar a un amigo que te empuja o anima a colaborar en temas comunes. Pero tengo que decir que de las veces en que me he dejado liar nunca me he arrepentido.

“Me jubilé en septiembre del 2018 y me sentó estupendamente bien. Intuía que los nuevos tiempos y algunas conductas no eran compatibles ya con mi forma de actuar”

Por cierto, ¿cómo le sentó esta jubilación?
Me jubilé en septiembre del 2018 y me sentó estupendamente bien. Intuía que los nuevos tiempos y algunas conductas y forma de hacer las cosas no eran compatibles ya con mi forma de actuar.

El caso es que lleva en su mochila más de cuarenta años de experiencia profesional. ¿Para qué le ha servido principalmente recorrer este camino?
En primer lugar, para poder trabajar y cobrar con toda puntualidad mi nómina, que no es poco. Y también para sentir que a través de mi profesión podía hacer algo por los demás cooperando con el resto de profesionales y ofreciéndoles mi ayuda.

Ya sabe, estamos en Año Xacobeo. ¿Cómo inicio el camino, el de la vida? ¿Por cuántos albergues ha pasado? ¿Tropezó con muchas piedras en el camino?
Lo empecé con muchísima ilusión, como todo el que comienza una aventura apasionante. Y, por supuesto, pasé por momentos relajados y muy satisfactorios, que son como los buenos albergues. Después, como todo en la vida, hubo otros momentos de tropiezos y dificultades, como las cuestas muy pronunciadas.

Uno imagina que estuvo bien acompañado en este viaje. Incluso guiaría a muchas personas…
Sinceramente, he tenido magníficos compañeros en la Diputación de A Coruña y mi trabajo me dio la oportunidad de conocer y tratar a muchas personalidades. Sí, como usted dice, he estado bien acompañado en este viaje. Y también puedo decir (lo creo sinceramente) que pude indicar el buen camino a otros.

“Tengo la compostela de haber hecho el Camino; lo hice desde Roncesvalles y recorrí otros muchos tramos; la ‘compostela’ de la vida la sigo haciendo cada día”

Entonces, sin duda, tendrá la ‘compostela’ de la vida. ¿O aún le queda “camino” para rato?
La compostela, o sea, credencial de haber hecho el Camino, ya la tengo; lo hice desde Roncesvalles y también otros muchos tramos. Pero la ‘compostela’ de la vida la sigo haciendo cada día, por supuesto.

Estudió Derecho y terminó en Protocolo. ¿Cómo fue eso?
El mío fue un caso de falta de vocación concreta. Hice antes dos años de la licenciatura de Ciencias Económicas. Empecé a trabajar y después acabé Derecho.  

¿Cuándo y por qué entró en la Diputación de A Coruña?
Antes de asumir tareas de protocolo era también jefe de prensa. Comencé llevando la Oficina de Prensa en el año 1973 sustituyendo a la persona contratada que se había ido y simultaneando con la participación en la organización de todos los actos, hasta que cinco años más tarde asumí las dos funciones ya con mi plaza de protocolo en propiedad.

¿Cuándo y por qué nace la Asociación de Técnicos de Protocolo y Relaciones Públicas e Institucionales de Galicia fundada por usted?
Nace como una necesidad casi biológica. Ya veníamos organizando congresos, cursos y seminarios a través del desaparecido instituto de Estudios de Administración Local desde el año 1972. Necesitábamos dotarnos de un ropaje jurídico después de la desaparición del Instituto. Inscribimos los estatutos en el año 1989 como asociación profesional, pero nuestra actividad viene de bastante antes. 

¿Los principales logros?
Creo que el principal es el haber sabido agruparnos y procurar aprender juntos. Y saber convivir.

“¿La formación universitaria actual en protocolo? ¡Es estupenda! Todo esto es un hito en nuestra profesión gracias a personas como Carlos Fuente o Gerardo Correas”

Está claro que es un decidido impulsor del asociacionismo y de la defensa de nuestra profesión. ¿Le ha compensado? ¿Le sigue compensando?
Me compensó, me compensa y me seguirá compensando, al igual que deberían pensar todos los que de buena fe quieran hacer nuestro trabajo más grande, más profesional y, como sector, más implantado en la sociedad y más prestigiado.

Ha recibido numerosos premios y distinciones. ¿Cuáles fueron los que más le llegaron al corazón?
En mi profesión, sin duda, la Medalla al Mérito en Protocolo y Ceremonial, porque fueron prestigiosísimos compañeros de profesión los que formaban parte del jurado. También hubo condecoraciones estatales y reconocimientos militares que igualmente me llegaron al alma… 

Vamos a ver: ¿qué le ha enseñado el protocolo en su vida?
Me enseñó a cumplir con el deber sin protagonismo indebido, sin pisar a nadie, de manera callada, valorando muy especialmente el lado oscuro y silencioso. 

¿Y cuánto enseñó usted en la vida con el protocolo?
Yo no puedo decir cuánto he enseñado en la vida; eso tendrían que decirlo los que vieron mi trabajo. 

Entre otra de sus muchas facetas, está la de enseñar como docente o conferenciante en infinidad de cursos y estudios. ¿Le “forzaban” a ello o le gustaba de verdad?
Me gusta transmitir algo de lo mucho o poco que sé de la materia, aunque me reconozco mal comunicador. Creo que es un deber inexcusable para cualquier profesional. Dar sin contraprestación es una de las mayores satisfacciones.

“Estamos trabajando con mucha ilusión en el congreso de noviembre en Santiago. Entre todos, podremos darnos el abrazo que queremos y además aprender. Será nuestra gran cita”

Oiga, aunque ande siempre de allá para acá, seguro que tiene más tiempo libre. ¿En qué lo emplea?
Tengo otro tipo de tiempo libre. Me dedico a varias cosas, además del movimiento asociativo de los profesionales del protocolo. Reparto mi tiempo con una asociación de amigos de un monasterio, con alguna labor de voluntariado y, como si fuese una asignatura pendiente, acabo de matricularme para hacer el doctorado.

¡El doctorado! Todo un ejemplo, sí señor. Por cierto, ¿qué opina de la formación actual que tienen a su alcance los jóvenes en protocolo y organización de eventos?
Sí, el doctorado era una asignatura pendiente. ¿Que cómo es la formación que reciben ahora los jóvenes? Qué quiere que le diga: me parece estupenda y acorde con su titulación universitaria. Todo esto fue un hito en nuestra profesión gracias a la decisión de personas como Carlos Fuente o Gerardo Correas.

Hace cuarenta y pico años no había nada de esto. ¿Cómo se aprendía entonces?
Pues con los pocos manuales que había y fijándome en lo que hacían los demás. También, y muy especialmente, con humildad, preguntando. Y asimismo con algún que otro sofocón.

“Hoy en día echo en falta el sentido de la lealtad en algunos profesionales, y a veces veo la ramplonería más absoluta, gente que sólo va a lo suyo. Esto era impensable en otros tiempos”

Y ahora se crea el Observatorio de Profesionales de Protocolo y Eventos y le nombran presidente. ¿Cómo le sienta?
Me enorgullece mucho que compañeros de profesión se acuerden de mí. En ese sentido, me siento estupendamente. Otra cosa es aceptar que pueda durar poco tiempo. Hay que dejar paso a los jóvenes. Pero, repito, me enorgullece mucho.

¿Qué puede contar de este Observatorio?
Que nace del entusiasmo de Carlos Fuente y de su capacidad asombrosa de aglutinar personas. A mí me captó enseguida para participar en este fenómeno asociativo en el que de manera muy rápida nos embarcamos muchos profesionales. Estamos empezando, pero ya tenemos algo de historia.

Y futuro, incluso a corto plazo, que ya la están “liando” para noviembre con un gran congreso de profesionales en Santiago de Compostela, en su Galicia del alma. Es fantástico.
Sí, fantástico. Estamos trabajando con mucha ilusión convencidos de que, entre todos, podremos darnos el abrazo que queremos y además aprender. En este sentido, no se puede pedir nada mejor. Santiago de Compostela en noviembre será nuestra gran cita.

¿Momentos buenos o malos en su vida?
Uff, por suerte no he tenido “picos” de manera frecuente. Anotar, como para todo el mundo, eso: momentos buenos y malos. De todos se aprende.

¿Qué echa en falta en los profesionales de hoy?
El sentido de la lealtad. En algunos casos, veo la ramplonería más absoluta y que van a lo suyo en todo momento. En otro tiempo era impensable no contestar a una llamada o no ofrecerse a un colega para lo que necesitase. Y en muchos, la falta de estilo.

¿Hobbies?
Fundamentalmente, leer y pasear, que además me viene impuesto por razones médicas.

¿Ha conseguido cumplir el sueño de tu vida?
Por suerte todavía me quedan muchos sueños que cumplir. Y cuando alguno se consigue, enseguida, otro irrumpe en la vida con el mismo ímpetu.

¿Cómo le gustaría que le recordasen?
Como una buena persona nada más. No tengo otro afán.

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